"En el amor, en la cárcel o en el hospital, recordemos que afuera hay otros mundos".

Adolfo Bioy Casares




Porque yo estuve solo

PORQUE YO ESTUVE solo
quiero pensar que tú estuviste sola.
Que no te fuiste, que dormías.
Que me dejaste sin dejarme,
y me necesitabas
para poder estar contenta.

De cualquier modo, he recobrado
mi lugar en el mundo: regresaste,
te volviste accesible.

Me devuelves el tiempo,
el dolor, los caminos, la alegría,
la voz, el cuerpo, el alma,
y la vida y la muerte, y lo que vive
más allá de la muerte.

Me lo devuelves todo
encarcelado en la apariencia
de una mujer, tú misma, a la que amo.

Volviste poco a poco, despertaste,
y no te sorprendiste
de encontrarme contigo.

Y casi pude ver el último
peldaño del secreto que subías
al dormir, pues abriste
—muy despacio, muy plácidos— tus ojos
adentro de mis ojos que velaban.

El manto y la corona, 
1958
Rubén Bonifaz Nuño




Hija del mar

Cuando era niña miraba al atardecer a los aviones eclipsando el sol, entonces me preguntaba qué se sentiría estar en uno de ello o si podría ver mi casa desde ahí. Pensé lo mismo el día en que finalmente subí a un avión y me acordé de mí misma a esa edad que no recuerdo con certeza pero pensé en esa niña que miraba al cielo en cada atardecer.
Viajar en avión definitivamente no es de mis sensaciones favoritas y, por mucho que he pedido estar en el asiento junto a la ventana, jamás he podido ver mi casa, ni siquiera la zona donde está.

¿Qué se sentirá estar ahí? Me hice esa pregunta durante estos años pero al ver barcos de mercancía, buques o cruceros zarpar. La primera vez que me cuestioné eso fue en La Habana, era de noche y yo estaba sentada en el malecón, las luces de La Habana apenas se reflejaban en el mar y, de la nada, salió un crucero de algún lugar y se dirigía mar adentro y quise saber cómo sería viajar en uno de ésos.
Lo más cercano a ello lo experimenté meses después de haber estado en Cuba, cuando subí a un buque que me llevó de Buenos Aires a Colonia del Sacramento, Uruguay. Nunca me he aventurado a adentrarme al mar o incluso cruzarlo. Mis pies siempre han pisado América. Mis pies nunca se han adentrado tanto a las aguas del mar porque no puedo, porque le temo al mar. La segunda vez que estuve en Cuba varios babalawos o madrinas fugaces que tuve allá me decían constantemente que tal vez yo era hija de Yemanyá y por eso debo respetar sus aguas y pedir permiso antes de poner un pie en el mar, o en el río o bajo la lluvia. Sin tener que pedir permiso, siempre he respetado y temido el poder de las aguas sin reparar a quién pertenezcan. Nunca me he adentrado tanto en el mar y en aquella ocasión del buque sólo crucé el Río de la Plata y, días después, estaba en la playa a orillas del río en Montevideo. Ahí vi los atardeceres más rojos y cálidos que hubiera imaginado y de vez en vez zarpaba un barco mercante de algún lugar: entonces me preguntaba qué se sentiría viajar en uno de ésos barcos que desaparecían en el horizonte.

Días antes de irme de Uruguay, rogaba porque ocurriera cualquier cosa que impidiera irme de ahí, lo imploraba al contemplar el reflejo del atardecer en las aguas del río.
Una noche previa a mi partida llovió tan fuerte y tan prolongado, que el paraguas que me habían prestado ya no me servía de nada y caminé por la calle bajo la lluvia corriendo el riesgo de pescar un fuerte resfriado, pero era tan agradable esa sensación del agua sobre mi cabeza, sobre mis mejillas y sobre mis piernas, que caminé sin prestar importancia ni a la lluvia, ni a la noche.

Esa lluvia tan copiosa impidió que atracara el buque que llegaría a Uruguay esa madrugada y pude prolongar mi estancia en ese país por unos días más.

Alguien en las aguas escuchó mi ruego.

24 de abril #10

Fue un día sumamente ocupado así como aburrido.
Comencé el día antes de que amaneciera. No pensé que algún día lograría despertar a las 6am cuando hace años era la hora en la que usualmente me iba a dormir. El tema es que aún no salía el sol cuando salí de casa y vi a lo lejos a la luna no sé si en menguante o creciente pero era apenas una línea amarilla dibujada en el cielo.
Ayudé a unos estudiantes (que nunca voy a olvidar, nunca había recibido tantos obsequios en tan poco tiempo) a estudiar para un examen que tendrían al día siguiente.
Estuve vagando por un centro comercial buscando unos pantalones que pudieran agradarme hasta que al final decidí entrar a una tienda y me compré unos jeans que me gustaro, ah, también me compré una playera rosa (¿¡rosa!?).
Después fui a trabajar y llegué tarde, avisé que llegaría tarde así que no hubo problema. No hubo gente, teníamos tanta pereza mi compañera y yo que casi no hablamos entre nosotras, pero no hubo silencios incómodos ni mala onda, simplemente el día no se prestaba para hablar. También estuve planeando una reunión con una amiga que quería celebrar su cumpleaños que era al día siguiente.
En los días anteriores tuve una "crisis" que se generó el sábado en el trabajo y no me recuperé de ella hasta el jueves

En esas pocas cosas se resume mi día. La rutina dominical que tuve por dos años cambió por completo.

Aunque hago pocas cosas al día, me ocupan mucho tiempo y termino bastante cansada, por eso en estos días no me había detenido a abrir siquiera la computadora, pero no me olvidé de registrar este día.

Al final del día cuando llegué a casa (era más de medianoche), vi que mi amigo Gustavo (sí, el Gustavo de los años anteriores), me había enviado una solicitud de amistad por fb. A él no lo he visto desde hace mucho tiempo y me pareció extraño recibir su solicitud de amistad, él no es de redes sociales. De vez en cuando nos escribimos mails para saludarnos y ponernos al corriente de nuestras vidas, él me habla de los lugares en los que ha estado y yo le hablo un poco de lo que he hecho. Saber de él es como viajar en el tiempo.

Hace muchos años conocí a un chico en un curso muy breve. El día de mi cumpleaños él me enseñó a jugar maquinitas. Terminó el curso y nunca más volví a saber de él. Aunque intercambiamos números telefónicos -porque en aquel entonces los celulares estaban al alcance de pocas personas y el internet también, sumando esto al hecho de que tampoco existían las redes sociales-, nunca nos marcamos por teléfono.
Hace unos meses encontré su número y quise marcarle. Sentía que si no hablaba con él, me estaba perdiendo de algo bueno en mi vida. Me acordé de él y de lo poco que convivimos. Me pregunté qué habría sido de su vida, dónde estaría ahora y cómo se verá ahora, cuando lo conocí era gordito y muy simpático, me gustaba abrazarlo.

El punto es que cuando le marqué, y hasta el día de hoy sigo preguntándome todo eso, porque ese número ya no existe y ése era mi único contacto con él. Ni siquiera recuerdo su nombre completo como para buscarlo en las redes sociales.

A lo mejor y él ya no me recuerda.

Ajetreado inicio de año

Después de que terminó uno de los años más movidos que he tenido, pensé que el 2017 no tendría sorpresas para mí, o eso fue lo que yo pensaba y la verdad es que no habían pasado ni siquiera 10 minutos de que el reloj había dado las 12 del nuevo año cuando me enteré de que un muchacho que había sido mi mejor amigo de la secundaria -con el cual perdí todo contacto- murió. Sólo sabía que iniciaría el año trabajando, eso lo supe en diciembre cuando volví a ser mesera en un café -otra vez- y el 1 de enero lo pasé trabajando. Mientras unos iban al café a bajarse la cena que tuvieron la noche anterior, yo me encontraba estresada sirviendo, atendiendo, aprendiendo a hacer café a la mala. El 2017 lo inicié con trabajo, agradecí mucho este primer augurio de que no me faltaría dinero este año. No esperé más de este año.

Apenas habían pasado unos días desde que comenzó el año cuando me escribió una persona con la que tenía algo pendiente relativo al pasado. Si esa persona no se hubiera atrevido a escribirme, yo no habría hecho. Nos encontramos para ir a charlar a un café. Y hablamos las horas, desde que abrieron el café hasta que cerraron. Nos disculpamos por todo, aclaramos muchas cosas y nos fuimos en paz, al menos yo sí me fui de ahí muy tranquila. Esa noche pude dormir sintiendo una paz inmensa y agradeciendo que ese día llegó.

Días después me surgió un viaje improvisado a San Luis Potosí, justo cuando juré que este año no viajaría ni me atrevería a salir de casa de nuevo debido a que entré a un período de austeridad financiera ante la pesimista perspectiva de que todo va a subir de precio y Trump sólo nubla el panorama. Horas antes de ir a SLP tuve un infortunio que me iba a impedir ir pero con todo y eso, me fui de todas maneras por unos pocos días, los cuales fueron los más felices de este mes (no sé si del año). Hay una persona a quien le debo agradecer por todo lo lindo que pasé allá: Carlos, si me estás leyendo (que yo sé que sí), te agradezco mucho por todo, todo. 

Recién estaba regresando a la ahora CDMX tuve que ir a trabajar y al día siguiente me fui de excursión a un cerro acá por donde vivo, además de que terminé llena de tierra y con unos moretones producto de una caída, tuve que ir a trabajar en esas condiciones. Del dolor muscular de los días posteriores, ni hablar. No habían pasado ni siquiera 15 días desde que comenzó el año cuando tuve estos altibajos.

Todavía no acaba el mes y mi hermana tuvo una semana completa de mala suerte. Mi padre rescató a dos animalitos en la calle: un gatito que desapareció a las pocas horas bajo circunstancias que nadie supo nunca (ya le estábamos consiguiendo hogar) y un perrito que sigue con nosotros y ya le encontramos casa.

No sé qué signifique tanta cosa que ha pasado en este mes que aún no acaba: si éste será un año lleno de cosas nuevas o si será un año vacío. Ya veremos. Por cierto, hoy me compré una plantita de hierbabuena. Si la cuido bien y en un mes sigue viva, con sus hojas me haré un mojito para celebrar.

Gracias por leerme.

El latir de tu corazón

La primera vez que te abracé estuve cerca de tu corazón y sentí cómo palpitaba violentamente dentro de tu pecho. 
La primera vez que te besé puse mi mano en tu pecho para sentir cómo aumentaba el latido de tu corazón mientras me acercaba a tu boca.
No podía creer que pasaran tantas cosas dentro de ti. Desde entonces quise dormir acomodada en tu pecho, oyendo los latidos de tu corazón. Quise dormir con tus latidos cadenciosos midiendo el tiempo en mis sueños. Nunca sentí un palpitar tan inmenso como el tuyo hasta que un día, mirándote a los ojos y con una mano en tu pecho, te dije adiós. Tu corazón parecía detenerse y explotar al mismo tiempo. Quitaste mi mano de tu pecho y te alejaste para siempre.

Lo admito: nunca he encontrado un corazón como el tuyo.

Traduce a tu idioma aquí:

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Acerca de la que escribe...

Mi foto
Cuando ustedes se acuestan cansados/as apagan la luz y se vuelven de cara a la pared. Yo siempre he tenido encendida la luz de mi alcoba. Sólo conozco el color del muro en las madrugadas.

**Nota

En esta nota declaro que las entradas marcadas con dos asteriscos (**) no son de mi autoría y/o son recopilaciones de distintas fuentes.


Gracias.

La hora en México...

"Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme..."

Garcilaso de la Vega

Rodolfo Morales

Cien años de soledad...

"Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aún la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotes sin pasado."

Personas coincidiendo en tiempo y espacio

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El secreto de sus ojos

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"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión."

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