"En el amor, en la cárcel o en el hospital, recordemos que afuera hay otros mundos".

Adolfo Bioy Casares




Hace muchos años conocí a un chico en un curso muy breve. El día de mi cumpleaños él me enseñó a jugar maquinitas. Terminó el curso y nunca más volví a saber de él. Aunque intercambiamos números telefónicos -porque en aquel entonces los celulares estaban al alcance de pocas personas y el internet también, sumando esto al hecho de que tampoco existían las redes sociales-, nunca nos marcamos por teléfono.
Hace unos meses encontré su número y quise marcarle. Sentía que si no hablaba con él, me estaba perdiendo de algo bueno en mi vida. Me acordé de él y de lo poco que convivimos. Me pregunté qué habría sido de su vida, dónde estaría ahora y cómo se verá ahora, cuando lo conocí era gordito y muy simpático, me gustaba abrazarlo.

El punto es que cuando le marqué, y hasta el día de hoy sigo preguntándome todo eso, porque ese número ya no existe y ése era mi único contacto con él. Ni siquiera recuerdo su nombre completo como para buscarlo en las redes sociales.

A lo mejor y él ya no me recuerda.

Ajetreado inicio de año

Después de que terminó uno de los años más movidos que he tenido, pensé que el 2017 no tendría sorpresas para mí, o eso fue lo que yo pensaba y la verdad es que no habían pasado ni siquiera 10 minutos de que el reloj había dado las 12 del nuevo año cuando me enteré de que un muchacho que había sido mi mejor amigo de la secundaria -con el cual perdí todo contacto- murió. Sólo sabía que iniciaría el año trabajando, eso lo supe en diciembre cuando volví a ser mesera en un café -otra vez- y el 1 de enero lo pasé trabajando. Mientras unos iban al café a bajarse la cena que tuvieron la noche anterior, yo me encontraba estresada sirviendo, atendiendo, aprendiendo a hacer café a la mala. El 2017 lo inicié con trabajo, agradecí mucho este primer augurio de que no me faltaría dinero este año. No esperé más de este año.

Apenas habían pasado unos días desde que comenzó el año cuando me escribió una persona con la que tenía algo pendiente relativo al pasado. Si esa persona no se hubiera atrevido a escribirme, yo no habría hecho. Nos encontramos para ir a charlar a un café. Y hablamos las horas, desde que abrieron el café hasta que cerraron. Nos disculpamos por todo, aclaramos muchas cosas y nos fuimos en paz, al menos yo sí me fui de ahí muy tranquila. Esa noche pude dormir sintiendo una paz inmensa y agradeciendo que ese día llegó.

Días después me surgió un viaje improvisado a San Luis Potosí, justo cuando juré que este año no viajaría ni me atrevería a salir de casa de nuevo debido a que entré a un período de austeridad financiera ante la pesimista perspectiva de que todo va a subir de precio y Trump sólo nubla el panorama. Horas antes de ir a SLP tuve un infortunio que me iba a impedir ir pero con todo y eso, me fui de todas maneras por unos pocos días, los cuales fueron los más felices de este mes (no sé si del año). Hay una persona a quien le debo agradecer por todo lo lindo que pasé allá: Carlos, si me estás leyendo (que yo sé que sí), te agradezco mucho por todo, todo. 

Recién estaba regresando a la ahora CDMX tuve que ir a trabajar y al día siguiente me fui de excursión a un cerro acá por donde vivo, además de que terminé llena de tierra y con unos moretones producto de una caída, tuve que ir a trabajar en esas condiciones. Del dolor muscular de los días posteriores, ni hablar. No habían pasado ni siquiera 15 días desde que comenzó el año cuando tuve estos altibajos.

Todavía no acaba el mes y mi hermana tuvo una semana completa de mala suerte. Mi padre rescató a dos animalitos en la calle: un gatito que desapareció a las pocas horas bajo circunstancias que nadie supo nunca (ya le estábamos consiguiendo hogar) y un perrito que sigue con nosotros y ya le encontramos casa.

No sé qué signifique tanta cosa que ha pasado en este mes que aún no acaba: si éste será un año lleno de cosas nuevas o si será un año vacío. Ya veremos. Por cierto, hoy me compré una plantita de hierbabuena. Si la cuido bien y en un mes sigue viva, con sus hojas me haré un mojito para celebrar.

Gracias por leerme.

El latir de tu corazón

La primera vez que te abracé estuve cerca de tu corazón y sentí cómo palpitaba violentamente dentro de tu pecho. 
La primera vez que te besé puse mi mano en tu pecho para sentir cómo aumentaba el latido de tu corazón mientras me acercaba a tu boca.
No podía creer que pasaran tantas cosas dentro de ti. Desde entonces quise dormir acomodada en tu pecho, oyendo los latidos de tu corazón. Quise dormir con tus latidos cadenciosos midiendo el tiempo en mis sueños. Nunca sentí un palpitar tan inmenso como el tuyo hasta que un día, mirándote a los ojos y con una mano en tu pecho, te dije adiós. Tu corazón parecía detenerse y explotar al mismo tiempo. Quitaste mi mano de tu pecho y te alejaste para siempre.

Lo admito: nunca he encontrado un corazón como el tuyo.

Conversaciones ajenas

El otro día estaba en el microbús y estaba demasiado aburrida que presté atención a la conversación que estaba teniendo por celular el señor que estaba sentado a mi lado y fue esto lo que escuché:

"No me gusta estar encerrado entre cuatro paredes, lo mío es vagabundear, salir, conocrs otros lugares, ser un vago. Mi vida es vagabundear, ser un trotamundos. ¿No quieres andar así, conmigo? Ya mis hijos están grandes, ya tienen sus carreras, sus hijos. Yo tengo tiempo para ir de pata de perro a donde sea. Quiero ir a conocer otros lugares, ser libre. Quiero estar contigo. Si tú no quieres que me vaya, me quedo, tú nomás dime. Si quieres venir conmigo, yo te llevo a todas partes, no tengo mucho dinero pero nos acomodamos donde sea. Tú nomás dime si quieres estar conmigo. Yo quiero estar contigo."

Y así estuvo este señor un buen rato pegado al teléfono tratando de convencer a quien fuera que estuviera del otro lado del teléfono de dejarlo todo y andar por la vida de trotamundos, ¿lo habrá logrado? Quien sabe, pero el tipo se veía demasiado dispuesto a permanecer en un sólo lugar con tal de estar con esa persona. Esa fue una de aquellas charlas ajenas que da gusto escuchar por accidente en el transporte público.
Quizá en algún momento de la vida encuentre a alguien que trataré de convencer de lo mismo... o alguien tratará de convencerme a mí.

Esperar demasiado

Desde hace unos meses no escribo y no quería que este mes fuera uno de ellos.
Finalmente se me ha pasado la depresión post-viaje. Después de haber vivido por un mes en Brasil, volver a México a mi rutina me abrumó bastante. Casi todo septiembre lo pasé encerrada en casa, con insomnio y tirada en la cama, como si no tuviera cosas qué hacer. Solamente salía a la facultad y al mercado. Fue casi a finales de septiembre que decidí dejar toda esa tristeza de lado y, en vez de retomar mi vida como hasta en ese entonces la llevaba, decidí hacer una serie de cambios: invertir el dinero que me sobró del viaje en mi salud pues se ha estado deteriorando de a poco y no había reparado en ello sino hasta que volví, también he hecho unos pequeños cambios en la casa que, aunque pasan desapercibidos, han hecho diferencias significativas.
Por ahora no tengo trabajo, renuncié a él al volver a México, pero no me quita el sueño esta situación pese a que el dinero se me está escapando de las manos. Decidí finalmente cambiar radicalmente mis hábitos de sueño y eso ha traído un cambio positivo a mi vida, ya todo es más claro y más prometedor que cuando no dormía, incluso ya me he trazado planes a largo plazo y me he establecido un límite de tiempo para lograrlos, ¿lo lograré? Ya veré.
También me he animado a tener Netflix y dejar de vivir de las cuentas de otras personas y, justo hace rato, terminé de ver una película que hace muchísimo tiempo quería ver. Si hubiera visto esa película hace muchos años (recuerdo que quería verla cuando yo iba en la secundaria), la espera de saber el nombre de la melodía de mi infancia, no hubiese sido tan larga. Todo era tan simple como ver Amada inmortal para descubrir que estaba en busca de la Sonata para piano No. 8, segundo movimiento.

A veces me pregunto qué tantas cosas he dejado pasar por el simple hecho de esperar tanto tiempo.

Clandestino

No escribí el mes pasado ni quiero escribir este. Adoro esta versión de Clandestino de Manu Chao.


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Acerca de la que escribe...

Mi foto
Cuando ustedes se acuestan cansados/as apagan la luz y se vuelven de cara a la pared. Yo siempre he tenido encendida la luz de mi alcoba. Sólo conozco el color del muro en las madrugadas.

**Nota

En esta nota declaro que las entradas marcadas con dos asteriscos (**) no son de mi autoría y/o son recopilaciones de distintas fuentes.


Gracias.

La hora en México...

"Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme..."

Garcilaso de la Vega

Rodolfo Morales

Cien años de soledad...

"Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aún la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotes sin pasado."

Personas coincidiendo en tiempo y espacio

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El secreto de sus ojos

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"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión."

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