"En el amor, en la cárcel o en el hospital, recordemos que afuera hay otros mundos".

Adolfo Bioy Casares




Cassette

Por ahí de 1999 cuando estaban en auge los cassettes y apenas estaba emergiendo el CD, una tía mía quiso deshacerse de sus cassettes porque estaba a punto de estrenar un estéreo. Pensó que lo mejor sería dejarnos sus cassettes a mi hermana y a mi para grabar en ellos lo que quisiéramos.

Mi curiosidad de niña me llevó a escuchar lo que en esas cintas había antes de osar en borrar su contenido. En un cassette color negro encontré la belleza de la música. Me prometí guardar esa cinta conmigo pasara lo que pasara. Su contenido era un especie de remix de música clásica. Yo no tenía la mínima idea del nombre las piezas ni de sus compositores. Había una pieza en especial que me llenaba de melancolía, no sé bien por qué, y se convirtió en mi pieza favorita sin saber su nombre.
Pasé todo el 2000 escuchando esa cinta sin descanso. Me refugiaba en su música al ver todo mi alrededor: viví el funeral de un familiar, una migración e innumerables atardeceres.

Un día volví de la escuela (tenía 8 o 10 años) y me enteré de que mi hermana había tirado todos los cassettes a la basura, incluyendo el mío. Fue muy tarde para buscarlo porque la basura ya no estaba en la casa. Fue triste para mí el haber perdido esa música.
Muchas de las piezas de esa cinta las fui conociendo poco a poco a lo largo de los años. Pero ESA pieza, mi predilecta, nunca la volví a escuchar... hasta hace un par de años, en el 2014.

No tengo la remota idea de cómo fue que, después de casi 14 años, supe el nombre de esa pieza. Lo que sí es un hecho es que nadie a mi alrededor la conocía y soy pésima para tararear la música y decidí mantener el recuerdo de ese piano en secreto.
No recuerdo cómo fue que supe su nombre pero al escucharla comencé a recordar mi infancia de esos años, de las tardes enteras en la azotea de mi casa esperando la puesta del sol, las madrugadas de insomnio viendo los astros infinitos, las tareas de la escuela, aquellas viejas amistades que ya nunca volví a ver, un funeral, el cassette negro en la grabadora esperando a que lo escuchara por enésima vez, las madrugadas en las que mi madre tenía encendido el radio, los recreos donde podía comprar más de 3 alimentos con 5 pesos, las clases de matemáticas en la primaria, la tarea que consistía en manualidades, la paranoia de la gente que pensaba que el mundo se acabaría en el 2000... recordé muchas cosas y a muchas personas de aquel entonces.

A veces pienso que voy a morir sin ver o sin saber muchas cosas que quiero. Aunque me falta vida por vivir, tenía la convicción de que jamás volvería a escuchar esa pieza o siquiera saber su nombre. Tuvieron que pasar 14 años para que eso pasara. Y pasó de la nada, justo cuando ya había dejado de buscar.

Y aquí está:



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Cuando ustedes se acuestan cansados/as apagan la luz y se vuelven de cara a la pared. Yo siempre he tenido encendida la luz de mi alcoba. Sólo conozco el color del muro en las madrugadas.

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"Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aún la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotes sin pasado."

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"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión."

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