"En el amor, en la cárcel o en el hospital, recordemos que afuera hay otros mundos".

Adolfo Bioy Casares




Febrero

Recuerdo que el 14 de febrero del 2004 fue sábado. Lo recuerdo bien porque ese día se celebraba una boda cerca de mi casa. Yo sólo miraba desde la ventana pensando que eso era algo muy cursi, lo miraba y lo pensaba mientras escuchaba A whiter shade of pale. En ese entonces tenía la mitad de la edad que tengo ahora.

Una semana después, el domingo 22 de febrero conocí a un amigo. Antes de ser mi amigo fue un instructor. Quise formarme en su disciplina y tímidamente fui ese domingo para unirme. Él amistosamente me tendió su mano y me invitó a formar parte de su grupo. Y todo eso duró poco más de un año, el grupo se disolvió y pasaron los años sin saber de él, salvo que una vez al año se me ocurría marcarle por teléfono para saber qué era de su vida, en una ocasión coincidió que me invitó a su examen profesional y fui, él seguía igual, yo ya no. Yo era una niña cuando nos conocimos. Todavía tengo en mi memoria su número telefónico y lo recordaré por muchos años más, aunque nunca vuelva a marcarle.

El 21 de febrero del 2009 murió mi abuela. Fue sábado. En la mañana fui a visitar a un novio que tenía en aquel entonces. Yo tenía una extraña sensación ese día, él también lo notó, me dijo que estaba rara.
Cuando me dirigía a mi casa a mitad del camino vi a una chica que había sido de mis mejores amigas de la secundaria y me bajé del colectivo para saludarla y saber qué había sido de su vida. Estuvimos charlando por un par de horas e incluso le compré un helado a ella y a su hermano menor. Pensé que lo mejor sería volver a casa. Ya había pasado mucho tiempo. En aquel entonces yo no tenía teléfono celular y nadie podía contactarme. Cuando llegué a casa la noticia me cayó de golpe. Nunca había visto a mi madre llorar tanto.

En febrero del 2013 fue muy ajetreado para mi. Durante varios días iba a visitar a mi madre al hospital. La ayudaba a bañarse y cepillaba su cabello, le contaba las novedades y le llevaba sopas de letras para sus momentos de aburrimiento. Después me iba a la facultad y pretendía que todo iba bien.

En febrero de este año hace casi un par de semanas, el domingo 7 fui a hacer un trámite al mediodía y al regresar dejé pasar a muchos colectivos porque simplemente quería perder el tiempo hasta que recordé que debía pasar al mercado.
Hace varios meses que me puse a recordar a mi amigo, el que menciono al inicio. Pensaba en marcarle por teléfono pero no lo hacía. Quise encontrar un motivo o las palabras adecuadas para dirigirme a él. Me cuestiono si hice bien o mal en dejar tanto tiempo pasar.
En el mercado me encontré a una vieja conocida y me dijo "tú eres Mariana, ¿verdad?". 
Puedo recordar ésta y muchas cosas más, incluso cosas insignificantes pero no recuerdo el nombre de ella y seguí la conversación para evitar poner en descubierto mi olvido. Fue entonces que ella me dio la noticia de que hace casi un año, mi amigo, aquel que me tendió su mano y su amistad, murió. 
Sentí culpa. Sentí miedo. Sentí muchas cosas.
Tuve miedo de seguir recibiendo este tipo de noticias, que poco a poco comience a desaparecer la gente que conozco. Tengo culpa por haberle perdido la pista y por no marcarle antes.

Nunca me ha gustado febrero. Las expectativas sobre el nuevo año se derriban en el segundo mes. Y  aún así, uno lo sobrelleva.

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"Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aún la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotes sin pasado."

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