"En el amor, en la cárcel o en el hospital, recordemos que afuera hay otros mundos".

Adolfo Bioy Casares




24 de abril #9: Rutina dominical

Desde hace poco más de un año los domingos dejaron de ser un día perdido o destinado a la pereza total o el infierno previo al lunes.
Cada domingo me levanto temprano para ir al pueblo vecino a tejer, debo llegar a las 10 de la mañana. El año pasado éramos menos de diez personas que iban de manera intermitente y no siempre coincidíamos todos. Éramos tan pocas personas que nos organizábamos para llevar fruta, café o algo para desayunar y pasar el rato. Han cambiado muchas cosas en un año: ahora somos más de 20 personas al mismo tiempo en un reducido espacio en una plaza.

Esta mañana desperté temprano y me percaté de que no había activado mi alarma, fue una suerte haber despertado a tiempo pese a que me acosté tarde a dormir (las 2am ya es muy tarde para mí porque finalmente estoy durmiendo bien). Desayuné y salí relativamente tarde de casa no sin antes echarme unas gotas en los ojos (hace una semana pesqué una infección) y llegué a tiempo a la clase de telar. Estaba abarrotado el espacio y por poco no alcancé lugar dónde sentarme a tejer. Estuve ayudando a algunas personas que apenas están aprendiendo, estuve charlando... vamos, lo que hago todos los domingos. También tengo la costumbre de comer tacos de cecina de Yecapixtla, Morelos en un puesto que cada domingo hay en esa plaza y como ahí uno o dos... o hasta tres tacos. El señor ya me conoce bien aunque jamás le he preguntado su nombre, incluso a veces me presta sillas, escoba, cuerda, etc., una vez escuché su nombre, pero no logro recordarlo El año pasado a las 2pm iba a comer tacos con Lalo, un chico de 14 años que también está aprendiendo a tejer, las 2pm era el "taco time", Lalo y sus amigos son de los pocos adolescentes que puedo tolerar. Lalo ahora tiene novia y aprovecha todo el tiempo del mundo a su lado y rara vez vamos los tres a comer.

Las cosas repetitivas tienden a fastidiarme y abrumarme en poco tiempo. Extrañamente tejer no me ha fastidiado hasta la fecha, pese a que es una labor repetitiva. Me gusta mucho pasar cada domingo en ese pueblo que huele a mole y especias. En particular me gusta ese espacio donde tejemos porque tenemos una vista estratégica de la plaza y veo el movimiento constante de ese lugar. Hemos visto procesiones, cortejos fúnebres, carnavales, fiestas patronales, festivales, turistas, ciclistas... de todo un poco. Cada semana pasa algo distinto o llega una persona nueva a unirse a nosotros. Conozco nuevos mundos. Hoy por ejemplo, llegó una chica cuyo nombre no recuerdo ahora, pero ella usaba gafas oscuras.

Después de tejer paso al mercado por algo de frutas o verduras para cocinar. Hoy decidí no cocinar, ayer hice chilaquiles. Los domingos cocino o limpio alguna parte de la casa, esta vez sólo limpié. Mi habitación estaba un poco desordenada y eso me deprimió un poco, saqué basura y acomodé papeles. Entonces descubrí que estuve durante tres semanas leyendo y estudiando cientos de copias para un examen donde no me preguntaron nada de lo que estudié. Las copias que debía estudiar eran otras y estaban ocultas en un rincón de mi habitación. Sentí un fracaso colosal en mi interior y después me reí de mi estupidez. Encontré también la caricatura de una compañera del trabajo que renunció esta semana. Ella no sabe que lo sé y de algún modo se despidió de mí el viernes antes de irse de la oficina: me abrazó prolongadamente con un gesto taciturno. Seguramente el siguiente viernes ya no la veré.
Oh, por cierto, tengo un trabajo desde hace más de medio año y sólo voy una vez a la semana a la oficina, el resto de la semana es home office. Guardaré el dibujo de esta compañera, quizá nunca más la vuelva a encontrar en el camino... o quien sabe, ¡la vida da giros inesperados!
Después de ordenar mi habitación prendí la computadora y me dispuse a estudiar un rato de inglés, otro rato de portugués y un tiempo extra lo dediqué a trabajar. 
 Ya se acabó el 24 de abril #9: un día ordinario que voy a recordar lo que resta de mi vida. Esta vez no estuvo presente Gustavo, pero sí un día soleado, aunque frío. Un mail que escribí a una amiga cubana y el día culminó con unos tacos que mi padre me trajo.

Hoy se estrenó la sexta temporada de Game of Thrones. Para evitar spoilers lo mejor es terminar de escribir esta nota y largarme a dormir.

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Cuando ustedes se acuestan cansados/as apagan la luz y se vuelven de cara a la pared. Yo siempre he tenido encendida la luz de mi alcoba. Sólo conozco el color del muro en las madrugadas.

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"Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aún la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotes sin pasado."

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"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión."

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