"En el amor, en la cárcel o en el hospital, recordemos que afuera hay otros mundos".

Adolfo Bioy Casares




24 de abril del 2015 #8. La carta

En una entrada anterior propuse a mis lectores un ejercicio de memoria el cual verán en el enlace. Hoy he decido hacer esta entrada recordando este 24 de abril.


Hoy en la mañana tuve clase de Filología Hispánica. Llegué tarde a clase y encontré un asiento vacío justo a lado de Gustavo, el amigo que menciono en 2012. Al recordar que era 24 de abril, a media clase le escribí un papel relatándole mis remembranzas de aquel día. Y él, en más de una cuartilla me respondió lo siguiente:

Sí, recuerdo aquel día, y recuerdo que dijiste, o más bien, relataste sucesos que se habían dado en veinticuatro de abril. Recuerdo que en algún momento caminamos por las islas y vimos al cerdo, pero no recuerdo perfectamente los detalles. Lo que sí tengo claro es que nos sentamos en una banca extensa de la explanada de rectoría y vi el mensaje y me pareció rarísimo. Recuerdo que no lo podíamos creer. Ha pasado mucho tiempo de aquel día y no puedo creer todo lo que has pasado desde el momento en que decidiste memorar esta fecha. Quizá en un futuro puedas redactar cada suceso y tratar de hilarlos.
Recuerdo, de nuevo recuerdo, (cuántas veces he escrito la palabra 'recuerdo' en esta hoja) que una amiga algún día me regaló un cigarro, pero sin tabaco y dentro del cigarro había una carta que tenía que desenrollar para leer, y la carta hablaba de lo efímero de los momentos, y la misma carta hacía alusión al olvido que yo tendría de ese cigarro, de esa carta y de mi amiga misma. Las palabras últimas de la misiva resaltaban las impresiones como única salvación de nuestra memoria. Ahora mismo las cosas han cambiado con esa amiga y no lo puedo creer porque yo en aquel momento, leyendo, me decía que nada cambiaría.
Constantemente pienso mientras camino, corro o nado, que este que soy yo en un presente es mi misma muerte porque al siguiente día me despierto como otro, a veces muy distinto, a veces parecido, pero nunca el mismo. Es trágico que sin quererlo traiciono a mis otros yo, a los que fui. Todo el tiempo me estoy traicionando y me pierdo. Es más trágico aun cuando pienso que los otros yo no son los mismos. El otro día caminaba con C... por un lugar donde estuvimos cuando comenzábamos nuestro noviazgo (recordaba que estábamos acostados en el pasto, jugando y viendo mariposas) y le dije todo y ella prefirió el presente. Pero entonces me interrogué sobre todos los momentos que acaban en el entierro y me sentí abatido.

Quería contarte algo, el otro día soñé que estaba con alguien y luego me quedaba solo y trataba de recordar algo que había vivido con esa persona, lograba recordar aquello y casi tenía asido el recuerdo entero cuando desperté y supe que el recuerdo era falso y el sueño, un sueño. "

Después de la clase no vi a Gustavo, pero sí a varios de mis amigos. Hoy ha sido un día en extremo caluroso. En los días anteriores leí unas citas de un libro que me interesó leer y fui a la biblioteca de mi facultad a buscarlo. El libro es La balada del café triste de Carson McCullers. Me bastó todo el camino de regreso a casa para leerlo. Quería relatar cada detalle de este día, pero creo que la carta de Gustavo ha sido suficiente para recordar este viernes.

Mientras escribía y transcribía escuché esta música que ha rondado en mi cabeza toda esta semana.


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Cuando ustedes se acuestan cansados/as apagan la luz y se vuelven de cara a la pared. Yo siempre he tenido encendida la luz de mi alcoba. Sólo conozco el color del muro en las madrugadas.

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En esta nota declaro que las entradas marcadas con dos asteriscos (**) no son de mi autoría y/o son recopilaciones de distintas fuentes.


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"Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aún la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotes sin pasado."

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"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión."

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