"En el amor, en la cárcel o en el hospital, recordemos que afuera hay otros mundos".

Adolfo Bioy Casares




De pretensiones

12/07/09

Ja, seguro muchos caemos dentro de nuestra propia mentira, el pez muere por su propia boca. A veces para justificar nuestros actos podemos escribir la más elaborada explicación, sea cierto o falso, se hace para que el lo lea lo crea, y crea en esa justificación para no juzgar. A mí las justificaciones no me convencen en la mayoría, son pretextos que hasta yo usaría. Porque la verdad yo pretendo no pretender, aunque eso significa pretender, no sé si soy o no juzgada por ello, pero no puedo evitar reír al encontrarme con personas que creen que pueden cambiar el mundo con sus actos, porque sé que yo no puedo cambiar al mundo, soy una partícula más en el espacio, ese espacio que es más vasto que los ideales de una persona cuya vida terminará en menos de cien años.

Sí, admito que pretendo no pretender y sé que eso es pretender. Yo no justifico mis actos, ni deseo hacerlo, algunos pueden referirse a mí como una persona complicada, en verdad es que tengo una vida simple, si ven complejidad en algo simple, es tal vez porque no conocen lo simple de las cosas y viven atados al reloj, complicándose la vida. A veces me he complicado la vida por causa del tiempo, quiero pensar que a veces tengo el tiempo en mis manos y lo he dejado ir, he dejado pasar una buena parte de mi vida derrochando el tiempo en cosas vanas, sin sentido, sin interés, sin nada.
He pasado el tiempo durmiendo, entregándome a los brazos de Morfeo al amanecer. Él me ha condenado a no volver a ver la luz del sol, a mirar las estrellas y pasar largas y frías noches sola frente a la ventana mirando el mundo sin luz, cuando las calles están muertas y la luna temerosa de la oscuridad se oculta. Miro todo eso mientras otros duermen en sus brazos. Cuando aparecen las primeras luces del día, me tiro a sus pies.
Buen pretexto para no dormir, ¿cierto?


Estás demente Mariana, sólo te hace falta dormir a tus horas para que todo sea mejor ¿no? Culpo a un enemigo imaginario (o tal vez real) para dejar de sentir miedo. ¿Qué se puede esperar ahora? Después de una larga caminata por el bosque regresas y te encuentras en tu habitación, todo sigue igual, sólo te acuestas a mirar el techo mientras escuchas a John Lennon. No todo es tan malo, has asistido a la graduación de un amigo al cual no habías visto desde hace casi un lustro, estuviste en un momento importante de su vida, o al menos te consideró para que estuvieras ahí. Espera, tal vez él quería ver a otras personas y de nuevo has sido el último recurso, él dijo que no estaban reunidas todas las personas a las que él esperaba ver... seguro imaginó que ese día todo el PDMU al que pertenecimos estaría acompañándolo en ese momento de su vida... sí, sé que él quería eso, vamos, no ha sido tan malo el tiempo, sólo nos ha separado. ¿A quién quiero engañar? La verdad es que en el camino te estabas arrepintiendo de ir, estuviste a punto de regresarte a casa. Y peor aún: te sentiste aún más miserable estando allá y darte cuenta de que tú no pertenecías a esa familia, sólo eras una invitada más, presenciando un momento que debieron presenciar otras personas, no tú. ¿Qué hacer? ¿Sonreír? Vamos, no seas hipócrita, estuviste a punto de bajarte del metro y regresar. ¿Llorar? Está bien, te sientes miserable aquí, pero no es para tanto. Ambas cosas las hubieran intepretado como un gesto generoso de felicidad, la cual tú no sentías en absoluto. La carta que le diste no servirá, esas palabras no saldrán de tu boca.
¿Y el regreso? Fue peor, pudiste ir a celebrar y cambiar tu cara, pero no, el tiempo, el maldito tiempo encima, te despediste y saliste lo más pronto posible de ahí.

Basta, basta de pensar, no estás ganando nada acostada escuchando a John Lennon sin nadie que te acompañe.

No sé a qué viene al caso hablar de esto, si empecé escribiendo sobre otra cosa.

Sí, sí, ya sé que esto no tiene relevancia, que seguro unos pensarán "¡qué perdedora!", sí, soy una perdedora y es por eso que estoy aquí escribiendo. Mientras tú, que pensaste eso de mí, también te has unido a la lista de perdedores al leer cosas de una "perdedora" como me has llamado y llegar hasta esta última palabra.

1 comentarios:

Dyno Sheep dijo...

Si alguien dijo que esto era de una perdedora me ha dicho perdedor a mí también, y quizá la vida es más fácil como usted ha dicho, señorita León de Papel, aunque a gente como yo y tal vez usted nos consta que vivir es sencillo, lo que importa es estar vivo realmente, eso es lo difícil. Si el reloj me prestara horas o mi dios me prestara paciencia iría a terminarme esos privilegios a vuestro lado… escuchando John Lennon y animarle en su desaliento.

Siendo una perdedora, creyéndose una perdedora, sigue siendo usted una interesante escritora, me tendrá aquí para leer el fruto de vuestros dedos y darle mis oídos y mi tiempo para escuchar incluso su silencio.

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"Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aún la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotes sin pasado."

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"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión."

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