"En el amor, en la cárcel o en el hospital, recordemos que afuera hay otros mundos".

Adolfo Bioy Casares




Beatlemanía

 30/05/09

No había asistido a una, es decir, ni siquera planeaba ir. Quedé con una prima de ir, ella tenía amigos que ya tenían una mesa reservada, pasarla groovy y tararear a coro las canciones del cuarteto de Liverpool.

Ya era noche y mi prima me mandó un mensaje diciendo que no podía ir, pero que si yo iba, buscara a sus amigos. Rayos, era la única persona con quien iría, no podía ir sola en la noche a un lugar cuya dirección no sabía.
Le llamé a un amigo, no estaba en casa, se encontraba en una fiesta cerca de mi casa.
Salí corriendo de casa, llegué hasta dicha fiesta. Encontré al amigo, lo hallé en su coche, le dije que fuéramos a la Beatlemanía, bajó del coche, lo cerró con seguro y fuimos a buscar a sus padres, le dieron permiso e incluso le dijeron que llevara el coche.

Íbamos muy contentos hacia el coche y se presentó el primer obstáculo de la noche: ¡mi amigo, olvidó la llaves dentro del coche! Fue un relajo, pero su casa estaba muy cerca, así que nos fuimos corriendo hasta su casa, la bajada estuvo bien, pero de regreso... subir esa calle empinada fue un reto, llegamos al coche cansados con la copia de la llave, entramos al coche dispuestos a retirarnos y se presentó el segundo obstáculo de la noche: estábamos rodeados de coches. Memoricé las placas y fui a la fiesta a que el individuo del grupo cumbianchero anunciara que retiraran el coche de dichas placas. Regresé con mi amigo, pasaron 15 min. y nadie aparecía. Fui por segunda vez, pero me ignoraron. Regresé al coche enojada. De pronto una señora se metió al coche de enfrente, creímos que se iría, pero se acostó y se durmió. Mi amigo bajó a hablar con la señora, hizo que ella fuera por su esposo y movieran el coche. Nos dimos a la fuga.

En el camino le llamé a mi madre para pedirle permiso de ir, me lo negó, pero yo ya me encontraba afuera. Sólo le deseé buenas noches y que aplicáramos un plan (tal vez después lo escriba) para que mi padre no se diera cuenta de que yo no estaba en casa. Anuncié que llegaría muy tarde y me despedí.

Tercer obstáculo de la noche: no sabía yo dónde rayos quedaba el lugar, pero después de vagar y preguntar llegamos.

Cuarto obstáculo de la noche: la policía. Mi amigo es menor de edad y no tiene licencia de conducir. Sonará a Sin City, pero "manejó a la velocidad permitida para no llamar la atención" y tratamos de evadir a las patrullas.

Quinto obstáculo de la noche: el estacionamiento. El lugar estaba repleto de autos, nos alejamos un poco, pero conseguimos lugar. Bajamos del auto, procurando revisar que mi amigo no olvidara de nuevo las llaves dentro del coche.

Sexto obstáculo de la noche: se acabaron las entradas. ¿¡QUÉ!? Fue mi primera expresión, casi me pongo a llorar, pero la persona de la puerta se apiadó y nos dijo que sólo había lugar para estar de pie ¡qué rayos me importaba estar de pie! ¡Sólo quería entrar! Y entramos.

Séptimo obstáculo de la noche: el aburrimiento. El lugar era muy grande, la banda casi no se veía, había muchas personas sentadas, sin cantar, sin moverse... ¡nada! Las que estaban de pie, apenas cantaban. Yo  me imaginaba que al entrar vería personas extasiadas, con los brazos en los hombros de otros, haciendo pequeños círculos... pero no. Mi amigo y yo nos fuimos a un rincón, donde no se veía nada ni se apreciaba bien la música.

Octavo obstáculo de la noche: los precios. Teníamos sed, la bebidas dentro de ese lugar eran caras, no recuerdo el precio, pero recuerdo que eran muy caras. Mi amigo no llevaba dinero, pero tenía sed, yo también, después de esa carrera para ir por las llaves a su casa y darnos a la fuga nos dejó cansados. Sólo nos compramos un refresco muy pequeño y muy caro.

Fue aburrido. Lo que pensé en esos momentos fue: "Es peor de lo que me imaginaba"
Ya estaba dispuesta a irme de ahí, fue incómodo estar entre tanta gente que apenas movía la boca.

En nuestra contraesquina, nos topamos con algo curioso.

Una bola de señores estaban cantando y bailando alegremente, debieron ver cómo se movían, estaban ebrios y gritaban a todo pulmón. Yo sólo veía su alegría desde mi lugar y mi amigo me preguntó: "¿quieres que vayamos hacia allá?", le dije que sí, pero que fuéramos discretamente. Llegamos ahí, estaba cerca, muy cerca de esos señores. Vaya, no había visto a personas tan alegres (por el alcohol, ja) dentro de ese lugar. Me contagiaron su buena vibra. Tenía muchas ganas de desatarme como ellos. Mi amigo ni siquiera se sabía las canciones de los Beatles (desperdicio de dinero) y estaba incómodo. Pero a mi lado derecho, estaba un señor de baja estatura que se parecía ¡a Chuck Norris!, tenía unos ojos preciosos y barba como la de Chuck, jajaja, estaba bailando, así que de pronto... ¡lo rodeé con mi brazo!, se sacó de onda al principio, después aceptó bailar conmigo. Me desaté, me puse loca, bailaba alegremente, gritaba las canciones, terminé con una bola de señores ebrios, bailando como en los sesenta, éramos el desmadre de ahí, en una esquina, mientras todos seguían sentados. Nos abrazamos, hicimos círculos. De pronto, empezó a sonar mi canción favorita, fue de lo mejor, me puse loca, loquísima, se me hizo la carne de gallina, ahora que lo escribo no puedo evitar que se me enchine la piel. ¡¡¡ahhh!!! Mientras gritaba como loca (no cantaba, gritaba la canción) uno de esos señores ebrios me subió a sus hombros, era yo la única que gritaba sobre los hombros de alguien, saqué mi celular y le llamé a Daniel para dedicarle All my loving, no sé si escuchó mis gritos (o de menos la canción), yo ya no podía hablar, se me salían los gallos, terminó la canción y colgué. El sujeto me bajó de sus hombros, no sé cómo rayos no me caí al piso si él estaba demasiado ebrio y yo me movía como gusano.
Le robé de su Coca-Cola a un señor que me hizo la plática y en medio de todo ese desmadre pensé "¡esto es mejor de lo que imaginaba!" Jajjaja, sehhh, cambió mi perspectiva en cuanto terminé bailando y gritando con esos señores ebrios.
Le llamaron a mi amigo, sus padres querían el coche de vuelta, me despedí de toda esa bola de señores ebrios y me fui feliz de ahí. Evadimos a la policía, mi amigo me dejó en mi casa y le agradecí el haberme llevado (yo pagué la gasolina y el boleto de mi amigo, era lo menos que podía hacer).
Todo esto pasó un sábado en la noche, el domingo seguí afónica y casi no hablé. El lunes fui a la escuela y seguí afónica.

Fue de lo mejor esa Beatlemanía. Valieron la pena todos esos obstáculos. Me divertí en grande y grité y me destrocé la garganta con varias canciones de los Beatles.
Esto suena mucho mejor en vivo y a todo color, pero aquí tengo el espacio limitado.

2 comentarios:

Michel dijo...

Jajajaja k buena historia, esta visto que las mejores fiestas son esas que al principio no ibas ni a ir siquiera.

Y parecerse a Chuck Norris...que afortunado es ese hombre xD

Besos!!

aby--baa--baa dijo...

waa!!!!!

Q genial mija!!!!

Al final te divertiste!!!!!!!!

jajajaja.........debe ser genial bailar como loca!!!!!

XD

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